El retorno de la Asociación de Deportes Electrónicos de Cuba (ADEC)

1-vbmujkmsu8inybo8axoujqCACHIVACHE Por Javier Montenegro Naranjo Enero 4, 2017

Cuatro años. Ese es el tiempo transcurrido desde que la Asociación de Deportes Electrónicos de Cuba (ADEC) celebró su último gran evento: la final de la Habana Team League (HTL), en el Maxim Rock. Durante ese ciclo olímpico el panorama de los deportes electrónicos en Cuba ha cambiado mucho. El Starcraft II ha desplazado por completo a su antecesor; Defense of the Ancients II (DOTA II) se ha convertido en uno de los juegos más populares, y el World of Warcraft ha ganado muchísimos adeptos gracias la red Street Network (SNET).

Son varios los motivos por los que Ian Pedro Carbonell y José Javier Mena, miembros fundadores y principales líderes de la ADEC, no han celebrado ningún gran evento en este tiempo; entre ellos el tiempo robado por los estudios universitarios y las gestiones administrativas de SNET, en la que se juegan diferentes ligas de juegos como Starcraft II, Battlefield III, WoW y DotA II.

Otra de las razones por las que estuvieron en el dique seco está relacionada con temas de producción. Antes el equipo contaba con productores que se encargaban de gran parte de la organización de los eventos, y esto permitía a Ian Pedro y Javier centrarse en la infraestructura tecnológica necesaria para evitar cualquier contratiempo en la celebración de las finales. Además, tenían la limitante de que el único escenario con el que contaban entonces como sede era el Maxim Rock; en aquellos años los cines aún no solían acoger actividades como esta, lo que dificultó la posibilidad de organizar algo a mayor escala.

Cuatro años después, decidieron regresar con el primer Festival de Deportes Electrónicos en La Habana. El día seleccionado fue el 28 de diciembre a las 10:30 a.m. y el lugar el cine Acapulco. Apenas contaron con diez días para organizar el evento y darle promoción a través de SNET y redes sociales, principalmente Facebook. Fue difícil, sobre todo porque son una asociación que no cuenta con el respaldo del estado cubano (en Cuba no existe un reconocimiento institucional de los deportes electrónicos), lo que equivale a no existir. Esa es una de las principales batallas de Ian Pedro y Javier, quienes no ven diferencia entre ajedrez y Starcraft, ambos juegos de estrategias donde la principal diferencia es que uno se juega por turnos y otro se desarrolla en tiempo real. En ambos casos, tanto tablero y piezas como ordenador fungen como herramienta de los jugadores para salir victoriosos en un duelo de intelecto.

La sala de proyecciones fue el centro de operaciones de los organizadores del evento. Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

Primer Festival de Deportes Electrónicos en La Habana

Desde las diez y treinta de la mañana del miércoles 28 de diciembre el ambiente en el cine Acapulco adquirió las pinceladas clásicas del surrealismo cubano. El aire acondicionado no estaba encendido y la cantidad de personas no superaba las trescientas.

Ian Pedro, Javier y el resto del equipo pretenden iniciar a las once de la mañana.

Mientras tanto, se proyectan en la pantalla del cine partidas grabadas de WoW y promociones del videojuego. A la izquierda, muy cerca del escenario, una computadora de escritorio corre el Street Fighter IV. Chun Li y Guile se enfrentan a través de los joysticks de dos jugadores. Así pasan varios minutos; luego eligen a Zangif y Juri. A la derecha del escenario están ubicadas dos mesas con micrófonos. Desde ahí los observadores narrarán a partir de lo que vean en la pantalla. Junto a ellos también están los presentadores del evento.

Lentamente la cantidad de personas aumentan en el cine. Muchos de los gamers allí presentes tienen pullovers de la Habana Starcraft League (HSL) y la Habana Team League (HTL), vestigios de la primera era de la ADEC. Otros usan ropa con iconos más clásicos: Pac-Man, Link, Angry Birds, incluso los hay con mochilas con el logo de la Legión de Reconocimiento (Shingeki no Kyojin). Cada quien lleva lo que le gusta (y puede) sin complejos. Algo ha cambiado en la forma de ver a los gamers y los otakus: si antes un pullover de Naruto o Mario provocaban burla (incluso si el que se burlaba moría de envidia por tenerlo), hoy la reacción menos emotiva es una sonrisa cómplice. El estigma no ha desaparecido, pero estos grupos sociales han logrado ganar un espacio.

El punto cero: el cuarto de máquinas

Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

En la sala de proyecciones del cine Acapulco están reunidos los organizadores. Para llegar allí es necesario subir una escalera que parece sacada del peor barrio de delincuentes del cine americano: oscura a plena luz del día, con un portón de hierro al final y con vistas (a través de hendijas) a un parqueo mal asfaltado. En uno de los descansos varios jóvenes discuten a gritos y con cierta dosis de guapería. Si nos guiamos por los estereotipos y los juzgamos por sus vestimentas, tatuajes y peinados, podemos decir que son unos maleantes de poca monta, chicos que quieren hacerse de un nombre de la manera fácil (aunque la manera fácil sea en este caso la más difícil). Pero nada más lejos de la realidad: toda la alteración es debido al Battlefield III y sus diferentes modalidades de juego.

Después de atravesar el portón de hierro chocamos una vez más con el surrealismo cubano: diez computadores de escritorios ubicadas en quince metros cuadrados. Desde estas se jugará Starcraft II, WoW y Battlefield III. Otra proyectará en la pantalla lo que ocurre en las partidas. La instalación de todos los equipos se ha hecho en la mañana. El día anterior no pudieron preparar nada debido a problemas de transporte y a que el personal del cine les pidió que estuviesen temprano en la mañana porque en la noche no era posible trabajar. Al parecer, estos cuatro años han adormecido los sentidos de los organizadores.

La sala de proyecciones sola es suficiente para un lienzo perturbador. Pósteres de alguna Semana de Cine Alemán, El primer día de tu vida o El topo cubren la desnudez de las paredes. El Topo se repite con más frecuencia, sobre todo para “ocultar” lo huecos en el falso techo. En una esquina descansan dos proyectores rusos inmensos, deben llevar varios años sin trabajar. Les supera en tamaño uno alemán que apunta a la pantalla del cine. Tiene un rollo montado, listo para proyectarse. Sobre el rollo hay un fragmento de cinta donde al ponerse a trasluz puede leerse “montaje” y un nombre. “Es española”, dice sonriendo un anciano de tez oscura y cabello y bigotes blancos. Su presencia allí desentona con la de los jóvenes que se mueven de un lado a otro tratando de resolver los problemas mientras evitan pisar los cables de red en el suelo. Sin embargo, encaja perfecto con la ambientación de la sala de proyecciones. A cada rato el anciano se levanta y se pierde tras una cortina hecha con pedazos de cintas de treinta y cinco milímetros.

Los organizadores del evento pasaron una odisea para tenerlo todo listo para el evento. Fotos: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

A las once de la mañana, cuando el evento debía comenzar, la conexión inalámbrica entre la computadora donde se jugará Street Fighter IV y el proyector no funciona a la perfección y hay problemas con el audio y con la red que conecta las computadoras. Además, están testeando una vez más el servidor de WoW, que ese día se estrenará con nuevas actualizaciones. Básicamente, este es un servidor desarrollado por Republic of Gamers (ROG) de SNET, un grupo de programadores cubanos que tomaron un proyecto ya existente para sacar un WoW pirata con correcciones, misiones creadas por ellos mismos y otros elementos personalizados. Sobre el mapa existente ellos construyen la narrativa de esta versión cubana y a través del feedback de la comunidad eliminan los diferentes bugs, como el cierre abrupto del juego, uno de los más temidos en ese día de prueba. La mejora más esperada de esta versión, que aún no corre en SNET, es la posibilidad de subir los héroes a nivel 90, lo que trae a su vez el uso de nuevos poderes.

A las doce y cinco, cuando ya en el cine había más de ochocientas personas, arrancó el evento. Un “Probando, probando, ¿por qué esta mierda no coge audio?” escuchado por todo el público fue una especie de señal para dar inicio: los problemas que podían ser solucionados ya estaban resueltos. Las luces se apagaron y un video promocional comenzó a proyectarse.

Fotos: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

El público gritó desaforadamente con cada juego mostrado en el video: Starcraft II, Battlefield III, WoW, algunos filmaban la pantalla con sus celulares. La mesa estaba servida. Primero fue una pequeña exhibición de la cuarta parte de Street Fighter, saga que goza de gran popularidad dentro de la comunidad de los juegos de pelea. A pesar de que en pantalla el Street Fighter se freezaba y tenía un delay de diez segundos, el público gritaba con cada combo y técnica efectuada. Los narradores contribuían a la emoción en un esfuerzo por mitigar el percance tecnológico. Fue tal el éxito del enfrentamiento que durante todo el evento un grupo de retadores estuvo jugándolo en la computadora ubicada a la izquierda del escenario.

Felix y Alejandro fueron los encargados de jugar Street Fighter para el público. Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

Llegó luego el turno del WoW: partidas rápidas, jugadores intercambiándose de equipos, público gritando, servidor sin errores. Quizás el único percance fue el del observador, que no fue posible establecer una computadora como tal por problemas técnicos y esto provocó que la visualidad no fuera la perfecta.

Jugadores de WoW disputan las partidas con el nuevo servidor. Foto: Fernando Medina Fernández / Cachivache Media.

Y llegó el Starcraft II, el plato fuerte del festival. Se jugaba la última final del año de la Starcraft Snet League (SSL). En resumen, para este torneo se seleccionó a los dieciséis primeros lugares del ranking y después de un sorteo se les enfrentó con el sistema de eliminación directa. Al último enfrentamiento, donde el ganador debía vencer en tres de cinco partidas, llegaron los dos primeros del ranking: ToXavier y HeavyMetal, ambos jugadores terrans. ToXavier es el número uno del ranking y jamás ha perdido en una eliminatoria frente a Heavy Metal. En las dos primeras la superioridad del número dos del ranking es abrumadora. Par de partidas cortas dejan a ToXavier contra las cuerdas. El público grita con cada victoria. ¿Son fans de HeavyMetal o solo se dejan llevar por la euforia? Los narradores hacen su parte: escucharlos es una clase rápida de Starcrarft II, y los análisis de las posibilidades infinitas que pueden ocurrir le dan un toque especial a la final. Sin embargo, después de las dos primeras derrotas se establece una pausa para jugar Battlefield III.

Finalistas del Starcraft II. A la izquierda HeavyMetal. A la derecha ToXavier. Fotos: Emilio Valdes Reyes / XReviews Videos Tecnológicos.

Unos minutos de demora y todo está listo. Battlefield III es un First Person Shooter (FPS) bastante popular en SNET; partidas de treinta y dos por equipo son muy habituales en las noches. Hoy han traído diez de los mejores jugadores para una exhibición. Entre ellos hay dos muchachas de diecisiete y veintiún años, y otra de treinta y pico. Cada una ha traído su teclado y su mouse. Es una opinión machista, pero choca verlas en una sala donde todos son varones. Pero la guinda del pastel la pone otra muchacha, de nick Malefica, de unos 25 + X, con X ˂ 5, jugadora de Battlefield III que fue con su niña de tres años. Todo el tiempo la hija estuvo sentada en las piernas de la madre, intentando quitarle el mouse para jugar ella, diciéndole “mami te robaron la base”, “mami te volvieron a matar”. Y la madre inmutable, a lo suyo, dejando un rastro de cadáveres. Después de casi una hora de batalla, las actividades se detuvieron y volvió el Starcraft II.

Tres mujeres juegan Battlefield III. Fotos: Emilio Valdes Reyes / XReviews Videos Tecnológicos.
Malefica juega Battlefield III con su hija. Fotos: Emilio Valdes Reyes / XReviews Videos Tecnológicos y Fernando Medina Fernández / Cachivache Media, respectivamente.

ToXavier solo recuerda haber remontado un 0–2 en su vida de jugador. Durante todo el tiempo que se juega Battlefield III no para de hablar, trata de sacarse los nervios de encima y piensa en ganar al menos uno para evitar la barrida. Y no solo lo logra, sino que obliga a un quinto enfrentamiento. Ya en la última partida, en la que parece ser la batalla decisiva, ToXavier a la ofensiva, HeavyMetal a la defensiva, algo ocurre. El público ve como las tropas del número uno del ranking son barridas con apenas resistencia. Lo normal en ese momento hubiese sido ver el gg (acrónimo de good game, lo cual significa la rendición) en pantalla, pero nada. Los organizadores sospechan que algo ha ocurrido, y cuando se acercan a la computadora de ToXavier ven cómo en su juego es él quien está mayoreando a su rival. ¿El motivo? Starfriend es un servicio pirata que hostea las partidas emulando el Battle.net online. Por desgracia, en ocasiones las partidas se desincronizan y cada jugador termina enfrentándose a una inteligencia artificial muy limitada. Esta vez el observador siguió a HeavyMetal, por eso el público y narradores pensaron que estaba ganando el número dos del ranking. El quinto juego volvió a iniciarse con cierta sospecha del público no especializado. ToXavier ganó y las cortinas se cerraron.

La realización de este primer Festival de Deportes Electrónicos en La Habana fue una victoria pírrica, llena de dificultades y sufrimiento, pero es un primer paso de la ADEC para volver a celebrar grandes eventos. De momento pretenden regresar en abril, pero sin dudas el gran evento del 2017 será en noviembre, cuando cumplan los diez años de fundada.

LINK: El retorno de la ADEC

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