Redes inalámbricas, la telaraña que envuelve la Isla

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Antena casera para la recepcion y envio de senales WIFI, usada en las redes alternativas de conexion (14yMEDIO)

, La Habana | Enero 04, 2017

Basta encender la pequeña antena de wifi y orientarla hacia el balcón para que en la pantalla de la computadora brote una larga lista de redes inalámbricas que entrelazan todo el barrio. Hilos invisibles que unen a cientos de usuarios. El soporte material de ese entramado son los NanoStation, Bullets, Rockets, Routers y antenas Yagi, los objetos tecnológicos más codiciados en la Isla.

“Allá en ese edificio hay como nueve redes”, cuenta Ricardo, conocido como Rupert en el nodo del que es administrador en el municipio Playa, al oeste de la ciudad. El joven, graduado en la especialidad de Geografía, decidió un día invertir en varios aparatos para recibir y emitir señales wifi. En poco tiempo montó una red con más de 250 usuarios.

“Antes era muy complicado, porque no se encontraban los equipos, pero ahora el mercado está saturado”, cuenta Rupert a 14ymedio. Aunque en ninguna tienda del país se comercializa este tipo de tecnología, el mercado informal muestra un amplio surtido de receptores, estaciones inalámbricas, antenas y hasta técnicos especializados en su montaje y configuración.

Las normas aduaneras que entraron en vigor a mediados de 2014 son muy claras en cuanto a la importación de dispositivos para redes de datos como routers y switches. La regulación advierte que para introducirlos en el país, el viajero “requiere autorización previa del Ministerio de Comunicaciones”, pero en la práctica las autoridades no siempre aplican lo establecido.

El Bullet es un dispositivo muy usado por los jóvenes cubanos para la creación de redes wifi. (14ymedio)
El Bullet es un dispositivo muy usado por los jóvenes cubanos para la creación de redes wifi. (14ymedio)

“Hay turnos de trabajo en que son más estrictos y confiscan todos los NanoStation que se detectan, pero otros se hacen de la vista gorda porque llegan muchos de estos equipos”, detalla a este diario un empleado de la Aduana General de la República que labora en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional José Martí.

El trabajador, que prefirió el anonimato, asegura que junto a los televisores de pantalla plana, los aparatos de aire acondicionado y los teléfonos inteligentes, los dispositivos para comunicaciones inalámbricas son los que más traen las mulas que operan en los vuelos de corta distancia e importan mercancía para las redes informales de comercio.

Los equipos para wifi están desplazando a las antenas parabólicas. Aunque todavía muchas familias apuestan por la programación televisiva que llega a través de esa vía, el consumo de audiovisuales a la carta se abre paso. Las redes inalámbricas alternativas se han sumado al paquete, con un variado surtido de juegos, documentales, cursos y foros donde no se puede hablar de política y religión ni compartir pornografía.

La ventaja de los dispositivos para redes reside también en su discreto tamaño y la posibilidad de pasar desapercibidos. “A diferencia de una parabólica, un NanoStation no levanta ninguna sospecha, es pequeño, se puede colocar en un balcón y la gente que no sabe pensará que es una cajita blanca que se te ha quedado ahí”, asegura Rupert. No obstante, recuerda varias redadas que hizo la policía en su barrio para desmantelar redes, aunque señala que hace tiempo que no han vuelto.

SNet, la araña más grande

StreetNet, abreviada como SNet es la reina de las telarañas inalámbricas que surca La Habana. Se extiende por todos lados y sus tentáculos llegan a cada barrio. En ciudades como Santa Clara, Cienfuegos, Pinar del Río y Santiago de Cuba también funcionan iniciativas similares. A mediados de este año, se calculaba que más de 30.000 usuarios en la capital estaban enchufados a SNet, pero en los últimos meses su crecimiento se ha potenciado gracias a la llegada de más infraestructura.

El plato fuerte de SNet son sus redes sociales, que permiten a los usuarios interactuar como lo harían en Facebook o Instagram, compartir ficheros y jugar en línea. Contiene más de medio centenar de sitios que funcionan sin necesidad de conectarse a internet y ofrece la posibilidad de subir o descargar archivos pesados a través del protocolo FTP.

Pero todo rey puede ser destronado y a SNet le ha llegado también la competencia. “Las redes más pequeñas y privadas están creciendo muy rápidamente”, cuenta a este diario Rupert. “La gente está buscando espacios virtuales más reducidos donde encontrarse para compartir y ahora cualquiera se monta una red, no tiene que esperar a que un administrador de SNet le dé la contraseña para entrar”.

Para los que no pueden pagar los costos de un NanoBeam, uno de los equipos más ambicionados por los montadores de redes wifi, queda echar mano de la inventiva. Kirenia y su hermano Amaury se dedican a hacer antenas direccionales Yagi-Uda con una potencia de hasta los 19 decibelios isótropos (dBi), la unidad de medida que advierte de la ganancia del aparato para captar señales y recibirlas.

“Al principio hicimos una antena para jugar en red con unos amigos del barrio, pero después empezamos a venderlas y ahora tenemos mucha gente interesada”, cuenta la joven, de 21 años y residente en Santiago de las Vegas, al sur de la capital cubana. Aprendió los rudimentos de su trabajo con “unos manuales descargados de internet” y desde entonces le apasiona armar la estilizada anatomía de cada antena, que ofrece por un precio entre 25 y 40 CUC.

“Esta que estoy haciendo ahora es para un cliente que vive cerca de una red wifi de Etecsa”, cuenta Kirenia. “Así podrá pinchar la red y navegar desde la sala de su casa”, asegura, aunque “lo ideal es que no haya grandes obstáculos en el medio, como edificios o árboles”.

En uno de los países con menor penetración de internet del mundo, alcanzar una señal del servicio Wifi Nauta instalado en algunas plazas y parques del país se convierte en la obsesión de “los cacharreros” de antenas, como los llama Kirenia. “Hay gente que vive a varios kilómetros de una de estas zonas y quiere conectarse, pero aunque las antenas son buenas no pueden hacer magia, porque la señal muchas veces no es estable o hay muchos usuarios conectados a la vez”, reflexiona.

En la actualidad, la Isla cuenta con 1.006 puntos públicos de navegación por internet, incluidas 200 zonas wifi de conexión inalámbrica, con un total de 250.000 usuarios que se conectan diariamente, según recientes informaciones dadas a conocer por la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa).

El sueño de Kirenia es comprarse un LiteBeam, la última “criatura” para montar redes inalámbricas que ha entrado al país de manera ilegal y que se ve como una pequeña parabólica que alcanza hasta 23 dBi. Con un aparato así cree que podrá “hacer una red poderosa para compartir un buen volumen de contenido”. La muchacha se autodenomina “intranauta”.

La llegada de internet a los hogares podría cambiar el panorama de las redes inalámbricas alternativas. A finales del pasado año el Gobierno comenzó una prueba de conexión con unos 2.000 usuarios de los consejos populares Catedral y Plaza Vieja, en La Habana Vieja, pero el cronograma para extender el acceso todavía no se ha hecho público.

Pero mientras esperan porque la gran telaraña mundial los conecte con el mundo, Rupert, Kirenia y su hermano Amaury ya están tejiendo hilos invisibles con sus antenas Yagi, los NanoStation y los LiteBeam.

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