Campaña #ConnectionDenied de Amnistía Internacional, un primer paso para conectar Corea del Norte al mundo

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Activistas de Amnistia Estados Unidos hacen campana en favor de la poblacion norcoreana ante la sede principal de las Naciones Unidas en New York en septiembre 2016

AMNISTÍA INTERNACIONAL Por: Suki Chung 19 Diciembre 2016

Hay muchos altibajos en la vida de un activista de los derechos humanos: es difícil alcanzar el éxito, y los retrocesos no son algo excepcional Pero hasta un activista de Corea del Norte puede tener un buen día, nos explica Suki Chung, coordinadora regional de campañas de Amnistía Internacional (Asia Oriental).

Hacía una mañana agradable en Hong Kong. La lluvia caída durante una semana había lavado todas las aceras y el aire conservaba cierta pureza a pesar de la contaminación del tráfico. Había empezado mi jornada laboral en la oficina, revisando el montón de correos electrónicos y actualizaciones de noticias en medios sociales que me siguen recordando cada día los numerosos compañeros y compañeras que luchan cada día en favor de los derechos humanos en todo el mundo.

Una hora más tarde, oí de golpe un grito de alegría que venía desde un rincón de la oficina: era mi colega Arnold Fang, nuestro investigador sobre Asia Oriental. Corrí a averiguar el origen de su agitación, y enseguida me uní a sus gritos de euforia. Un compañero de la oficina de Amnistía Internacional ante la ONU en Nueva York acababa de enviar un documento largamente esperado: un proyecto de resolución titulado “La situación de los derechos humanos en la República Popular Democrática de Corea”, recién aprobado por la Tercera Comisión de la Asamblea General de la ONU. Algunas de las violaciones de derechos humanos resaltadas en una campaña que pusimos en marcha este mismo año se habían incorporado a la resolución.

El siguiente párrafo, por ejemplo, añadía el problema de las restricciones impuestas al disfrute de los derechos humanos en Internet:

La Asamblea General […] expresa su profunda preocupación ante […] la gravedad y extensión de las restricciones, dentro y fuera de Internet, impuestas sobre las libertades de pensamiento, conciencia, religión o creencia, opinión, expresión, asociación y reunión pacífica, y sobre el derecho a la intimidad y a la igualdad de acceso a la información, por medios tales como la vigilancia ilegal y arbitraria, la persecución, la tortura, el encarcelamiento y, en algunos casos, la ejecución sumaria de la persona por ejercer su libertad de opinión, expresión, religión o creencia, y de sus familiares […] .”

Tal vez se pregunten a qué viene tanto entusiasmo por unas cuantas palabras añadidas aquí y allá en un documento oficial de la ONU de 10 páginas que posiblemente sólo lean unos cuantos.

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Choi Hyun-joon y Choi Ji-woo, padre e hija, tuvieron que separarse cuando el primero se marchó de Corea del Norte.

En marzo de 2016, yo me encargué de coordinar el lanzamiento de la campaña sobre Corea del Norte #ConnectionDenied (“Conexión denegada”)desde la oficina de Amnistía Internacional para Asia Oriental. Se hizo coincidir con el lanzamiento de nuestro informe homónimo, en el que Amnistía Internacional instaba al gobierno norcoreano a dejar de aislar a la población de su país, para que pudiera comunicarse libremente y acceder a la información de fuera de sus fronteras sin temor a sufrir represalias. Esas pocas palabras añadidas al texto de la resolución de la ONU subrayando nuestros llamamientos de la campaña reflejaban algunos de los resultados que perseguíamos: contribuir a una respuesta internacional efectiva y obligar a la comunidad internacional a exigir a Corea del Norte rendición de cuentas por sus violaciones de derechos humanos.

Sabíamos desde el principio que no era una campaña fácil. Las posibilidades de influir en el gobierno norcoreano para conseguir cambios sobre el terreno son limitadas.

Es habitual que se defina a Corea del Norte como el país más inaccesible y secreto del mundo y que para describirlo se utilice una narrativa de “infierno en vida” acompañada de titulares sensacionalistas sobre pruebas nucleares o riesgo de ataques nucleares. Pero, en lugar de poner nuestra campaña en contraposición a ese consabido contexto, decidimos centrarnos en el derecho a la libertad de expresión en Corea del Norte.

Aunque simple, es una motivación potente: pensamos que estar conectado es una necesidad básica de todo ser humano y que no debería privarse a ninguna persona del derecho fundamental a estar en contacto con sus seres queridos y con el mundo exterior. Soy activista de derechos humanos desde hace muchos años, y sin embargo siento un dolor inmenso cada vez que escucho la historia de algún norcoreano o norcoreana que ha tenido que escalar montañas, casi siempre de noche, para hacer una llamada telefónica a algún familiar que está fuera del país, o que se ha arriesgado a sufrir una detención por enviar un mensaje de texto.

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Resultó que estas historias no sólo me conmovían a mí. A los seis meses del lanzamiento de la campaña “Conexión Denegada”, un total de 28 Secciones de Amnistía Internacional habían participado en la campaña y unas 35.000 personas de 105 países habían firmado nuestra petición para que Kim Jong-un dejara de mantener aislada a la población norcoreana. La campaña culminó en septiembre con una acción de solidaridad en Nueva York organizada en colaboración con activistas de Amnistía Estados Unidos, durante la cual hicimos entrega de nuestra declaración y las firmas de la petición en la sede de la Misión Permanente de la República Popular Democrática de Corea ante la Oficina de las Naciones Unidas.

El 19 de diciembre, el pleno de la Asamblea General de la ONU adoptó por consenso la resolución sobre los derechos humanos en Corea del Norte, incluido el nuevo texto basado en los motivos de preocupación expresados en nuestra campaña “Conexión Denegada”.

Sabemos que no debemos esperar que de inmediato haya resultados visibles sobre el terreno en respuesta a la resolución. Para ver resultados hará falta la participación de una amplia diversidad de agentes: gobiernos, organizaciones, ONG y la sociedad civil. Pero es fundamental que haya una respuesta global efectiva sobre Corea del Norte que esté basada en las normas internacionales de derechos humanos.

Nuestra meta principal en esta campaña es atravesar el muro informativo que envuelve a Corea del Norte para mejorar la situación de los derechos humanos en el país, a través de una combinación de trabajo de campaña, incidencia, acción pública y reunión de voces internacionales.

Vamos a necesitar un esfuerzo constante para demostrar al gobierno norcoreano que el mundo está observando, y apoyar el llamamiento a la libre circulación de la información es un paso importante.

El éxito es la suma de muchos esfuerzos, y espero que este éxito modesto pero concreto dé paso a otros.

LINK: Un primer paso para conectar Corea del Norte al mundo

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