Global Game Jam 2017 a lo cubano o cómo ser ninjas en 48 horas y otras historias

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Foto: L Eduardo Dominguez/Cachivache Media

CACHIVACHE Por: María Lucía Expósito Enero 27, 2017

Es sábado en la madrugada. Desde las tres de la tarde del viernes arrancó el cronómetro en la biblioteca de la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI), sede del trabajo en equipo del Global Game Jam en Cuba (GGJ). Aquí estoy, rodeada de realizadores que han coincidido este fin de semana con el objetivo de hacer videojuegos en 48 horas.

Camino entre mesas llenas de cachivaches, cables de todos los colores, planos, el café de la merienda que guardan para toda la noche, miles de líneas de código en cada pantalla, algún que otro chiste sobre electromagnetismo. Los ojos rojos pero el espíritu geek más vivo que nunca.

El GGJ, certamen que por tercera vez se celebra en Cuba, ha reunido en esta ocasión a 166 participantes agrupados en 28 equipos, de ellos 21 de la UCI y siete externos. Waves (ondas), tema presentado para todas las sedes del mundo este año, causó las más variadas expresiones en los desarrolladores cubanos. Pero, luego de unas horas, comenzaron a verse las primeras curvas sobre el espacio de trabajo del Unity, software insignia del Jam.

Me pregunto qué estarán pensando los chicos ahora mismo. Observo sus rostros… el de la esquina debe estar buscando un nombre para el juego, el otro seguro está revisando qué guion le falta para correr el código, dos mesas más adelante, una chica modela en Blender.

Reinaldo García Maturell no ha parado este fin de semana: “Organizar un evento se las trae”, me dice en el momento que vienen a preguntarle por la conexión que se cayó, o por una herramienta, la merienda, el pullover del evento, los cables de red, las conferencias… “Es complejo no solo para mí” –me interrumpe– “sino para todo el Comité Organizador, que se sumó de manera voluntaria, no durmió y hasta se sumó a los equipos”. Él también fue, no hace mucho, uno de esos jammers que dedicaron un fin de semana a los games, incluso con el reto de aprender una tecnología que antes del evento no conocía.

¿Por dónde le entra el agua al coco?

Recuerdo la edición pasada, reviso los contactos de Facebook y doy con el Doctor Omar Correa. Ahora está en Rusia, pero antes fue Jefe de VERTEX e iniciador de la experiencia del Jam en Cuba.

Relata que el GGJ llegó a la UCI a partir de la convocatoria que les enviara el Dr. Esteban Cluas, subdirector del Instituto de Ciencias de la Computación de la Universidad Fluminense de Río de Janeiro, Brasil.

Las orientaciones de los desarrolladores de videojuegos Ciro Durán (Venezuela) y Bruno Campagnolo (Brasil) permitieron incluir a la Isla por primera vez en el GGJ de enero del 2015 y, con tan solo 40 participantes, se logró sembrar la semilla de los Jams en Cuba.

Para Correa, los Game Jam existen en Cuba porque hay un equipo grande de voluntarios que desde la comunidad de videojuegos trabaja por lograr mejores resultados; que trasciendan y aporten a una industria de videojuego, aún por crear, y a nuestra sociedad. Creaciones que permitan la diversión además de la interacción con contenidos útiles.

De cómo ser un ninja en 48 horas y otras historias

Algunos de los participantes del Global Game Jam 2017 celebrado en la Universidad de las Ciencias Informáticas de Cuba. Foto: L Eduardo Domínguez / Cachivache Media.

Dust Evil

Pedro Fuentes Zambrano es miembro de DustDevil, equipo creador del videojuego Dubstep Samurái. Cuenta que desarrollaron un relieve gráfico en 3D, en el que las ondas se van distorsionando en el espacio al ritmo de la música. “Nuestro protagonista es un samurái”, dice, “su objetivo es sobrevivir a las ondas de sonido hasta cortar el cable de alimentación y para ello cuenta con una espada. Diseñamos varios niveles con obstáculos diferentes; creamos herramientas que almacenan en qué momento sale la onda y el efecto que se reproduce luego”.

“La cuestión es sentirnos contentos con el resultado”, dice Josué Cortina, programador del mismo equipo, “lo importante es divertirnos y probar nuestra verdadera capacidad y, claro está, conseguir que el jugador se desahogue apretando la barra espaciadora”.

A Jesús Salvador Sanabria el GGJ le ha permitido convertirse en “un verdadero ninja”, según sus propias palabras. “Es salir de las clases el viernes en el ISDI y venir para acá todos estos días, y luego regresar el domingo a la escuela. Es agotador, aun así uno debe atreverse a hacer estas locuras, corriendo el riesgo de desatender las pruebas, luchando contra la poca tolerancia de los profesores que muchas veces no consideran justificada la ausencia.

“Este tipo de certámenes te obliga a ser inventivo y adquirir habilidades, cosas que usualmente no hacemos si no estuviese el reto, por eso es primordial que se sigan haciendo los Jam en Cuba, hay talento y ganas de hacer de sobra.

“Tenemos tres programadores, un diseñador, y un ingeniero gráfico. La mayor carencia que tuvimos fue de sonidista, algo que sufrieron la mayoría de los equipos. De tener un sonidista hubiésemos concebido otro juego”. Cuando les pregunto cómo se imaginan que podrían seguir desarrollando este proyecto, los Dust Devil se decantan por el desarrollo indie, “ser la segunda parte de los Savior”.

Green Rune

Green Rune es un equipo formado en su mayoría por profesionales del centro VERTEX. Con su videojuego Lost Jammers obtuvieron el premio al Resultado más completo y Mención al Mejor Diseño Gráfico 3D. Roberto Elías Pérez Ozete, diseñador del juego y creador del conocido Superclaria, declara que la clave en este encuentro donde se trabaja a contrarreloj es que todos los integrantes del equipo se entiendan, se pongan de acuerdo y creen la mecánica y la historia conceptual.

“El proceso creativo es parecido al de la renderización” -explica Roberto-. “Primero comienza a salir la textura inicial y luego aparecen imágenes más congruentes, así mismo es el proceso creativo: primero empieza con elementos aislados y luego se concibe una integración clara”.

A propósito del poco seguimiento que se le da a los prototipos online salidos del GGJ, Alexander Navarro Hernández, artista de interfaz de Green Rune, explica que “si los mismos creadores no le dan promoción, por lo menos aquí en Cuba, nadie lo va a hacer por ti. La comunidad de videojuegos rvirtual.uci.cu, que tiene el servidor dentro de la UCI (entidad promotora), a veces da problemas con el acceso, cuando se cae la red UCI los usuarios externos no podrán acceder a la página. Además de esta, la única otra página que promueve los videojuegos cubanos es entumovil.cu, respaldada por el ICAIC”.

Navarro explica que “la otra dificultad existente es que todo el tiempo hay una suerte de imposición del concepto identidad cubana. Para demostrar la identidad no tengo necesariamente que llevar mensajes explícitos. Nosotros, por desarrollar un videojuego de forma libre, no dejamos de ser cubanos, ni de perder identidad. Aquí, los que saben desarrollar videojuegos lo han hecho de manera empírica, eso no se enseña en las escuelas del país y de ahí deviene el otro error: tratar de criticar el modo de desarrollo de videojuegos de otros países; al contrario, se debería aprender de ellos, hacer investigaciones de sus plataformas de funcionamiento. La industria de los games nació en países como Estados Unidos y Japón”.

A diferencia de otros grupos de desarrollo, Green Rune contó este año con un as bajo la manga, Javier Alfonso Villegas, sonidista y master en chistes de física, quien, mezclando ritmos de Tomorrowland con Gente de Zona, concatenó el acabado de la obra y puso a bailar a todos con unos créditos estilo R&B.

Para Carlos Alberto Gavilla Cruz (alias Pachuko), artista conceptual y devorador de panecillos, “es esencial pasarlo bien; a fin de cuentas es un certamen para divertirse y fomentar la colaboración entre los participantes. Si este tipo de eventos fuese competitivo, entonces la colaboración se truncaría porque nadie quiere compartir el premio. Aquí se hacen amigos, se aprende de las herramientas de otros desarrolladores y ellos de las nuestras”.

Los miembros de este equipo confiesan que su plan es seguir ese prototipo que surgió en 48 horas. Al igual que los de Dust Evil, si continuaran les gustaría que fuera un juego indie, y utilizar vías de financiamiento como el crowdfunding para poder extender el proceso, pero nunca subordinados a un publisher.

Los participantes del Global Game Jam 2017 desarrollan sus juegos en el tiempo previsto. Foto: L Eduardo Domínguez / Cachivache Media.

Isla Gráfica

Isla Gráfica es un proyecto independiente que se dedica a la producción de videojuegos, entre los que destaca Yeli. Comenzaron hace cinco años a trabajar y participan como equipo desde la segunda edición del Jam en Cuba.

“Nuestro juego se basa en poner a prueba al jugador con muchos obstáculos. Su misión es recuperar un mundo perdido producto de la contaminación ”, explica Marlon Galens Molina, uno de sus miembros. “Buscamos referencias en otras manifestaciones del arte, como el cine. El juego se proyecta visualmente a través de una cámara fija, pero cambiando el nivel de dificultad. En cada nivel hay un dinamo que se debe detonar, siendo este la meta en cada capítulo. Empleamos el tema de Jam en la parte del dinamo, que al destruirse deja ondas expansivas”.

Para Yoel Brito Machado, líder y creador de Isla Gráfica, “aunque el GGJ no es competitivo, creemos que hay una especie de competencia implícita; es incuestionable que se adquiriere capacidad y experiencia”.

“No le hemos hecho la suficiente promoción a nuestros resultados porque estamos esperando tener un concepto más terminado. Además, aquí no se puede hablar aún de mercado de videojuegos; hay ciertas barreras legales que han impedido un convenio con instituciones estatales”, agrega.

Chicas al rescate

Aunque el mundo de los videojuegos es considerado mayoritariamente masculino, las mujeres se están abriendo paso, y a marcha rápida, en este campo.

“A los hombres normalmente no les gusta que las mujeres se metan en su campo, pero esta esfera pertenece al campo de la creación. Las mujeres sí que pueden desarrollar videojuegos y no veo problema en ello. En Cuba me encontré con muchas chicas programadoras, además, las mujeres son buenas en conceptos de terminado del videojuego como producto”, plantea Gorm Lai, Presidente del GGJ.

Veinticuatro muchachas se atrevieron este año a retar estigmas y programar a la par de los hombres. La participación de estas representó un 15% respecto al total y no pocas fueron premiadas con su equipo.

Lissett Vidal Arias fue una de estas valientes. “Participar en el Global resultó ser una experiencia maravillosa, me sentí muy cómoda trabajando en equipo”, explica. “Aunque fui la única chica de un team de tres personas, me entendí muy bien con mis compañeros, eso influyó en los resultados al final del evento.

“En el equipo, más que roles, nos designamos tareas. Fui la encargada de investigar sobre el cambio climático para relacionarlo con el tema principal del evento. Me dediqué a buscar la información que se mostraría en el videojuego y a diseñar las interfaces de usuario, y, a pesar de no tener mucha experiencia en el tema, también me dediqué al sonido”.

“Creo que sí podemos competir a la par de los chicos, solo es cuestión de proponérselo; lo principal es estar interesada y con deseos de aprender. La única desventaja que encuentro es que aún hay pocas mujeres, hace falta que se incorporen más mujeres al desarrollo de los videojuegos para que el papel femenino cobre más fuerza”, declaró.

Los desarrolladores durante el Global Game Jam 2017 celebrado en la Universidad de las Ciencias Informáticas de Cuba. Foto: L Eduardo Domínguez / Cachivache Media.

After Jam

La licencia Creative Commons, con la cual se trabaja en el certamen, permite a los desarrolladores otorgar permiso al público en general de compartir y usar su trabajo bajo los términos y condiciones de su elección, sin fines comerciales, de una manera simple y estandarizada.

“La UCI le da la posibilidad de continuar la idea a aquellos equipos que deseen terminar sus prototipos, pero esto ya implica el crédito de la Universidad y algunos desarrolladores no lo aceptan”, explica García Maturell.

Los resultados del torneo están publicados dentro de la página oficial www.globalgamejam.org, y próximamente estarán disponibles en la página de la Comunidad Cubana de Videojuegos rvirtual.uci.cu.

En Cuba, por las limitaciones del bloqueo, hay problemas con la licencia del Unity, motor de videojuegos por excelencia en este certamen. Sin embargo, esta empresa libera 30 días en el mes que se celebra el Jam, para que pueda ser utilizado en el evento y no haya limitaciones legales en la posterior publicación de los videojuegos.

Sobrevivir o no, ahí está la cuestión

En un pestañear de ojos ya es domingo. Queda poco tiempo de las 48 horas pautadas. Algunos se han retirado antes y la mayoría de los sobrevivientes apenas llega al cinco por ciento de su batería.

El GGJ, 2017 rompió el record de participación a nivel mundial con más de 36 000 jammers en 702 ciudades de 95 países y más de 7000 juegos, según la página oficial de Twitter de Gorm Lai.

Vuelvo a los campos de batalla, ya casi desolados, llenos aún de rastros de C++ y Java Script. Ha llegado la hora de subir los 22 prototipos creados a la página oficial del Global.

Contenido medioambiental, diseños estilo Maincraft, viajes en el tiempo con créditos en pistas de baile y críticas intelectuales al reggaetón. Todo esto estuvo plasmados en los rastros genéticos de nerds que sobrevivieron al reto con Unity, 3D Max, Blender, Adobe Ilustrador, Visual Studio y Photoshop como armas mortales.

“Dar premios no me gusta –confiesa Maturell– pero la calidad de esta edición obligó a reconocer incluso más de las cuatro categorías habituales que estimula la sede cubana: Mejor Game Play, Mejor Diseño Gráfico 3D y 2D, Resultado más completo, Premio Cambio Climático y Premio Especial de la UNESCO”.

“Creo que los problemas que hubo solo se ciñeron a la velocidad de acceso a Internet. Esperamos incluir a equipos de la región del Caribe en próximas ediciones”, anuncia Reinaldo.

Quedó cerrado, apenas, aquella tarde de domingo, otro de los capítulos de esta saga nerd que ya ha superado sus primeros niveles en Cuba. Demostrada está la tesis de que los cubanos dan la talla en este mundillo. Cabría preguntarse si este fin de semana de interacción y pura fábrica de games, que solo dos veces al año transcurre acá, podría clonarse a otros meses en calidad de festival del videojuego y rebasar los límites de una sola sede, así, será una nueva secta de ninjas quien cuente otra historia.

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