¿Manténgase alejada (la tecnología) del alcance de los niños (cubanos)?

1 xXtCk35cGs5Pir-5onK9PACACHIVACHE MEDIA Por: Eileen Sosin Martínez, 31 de Marzo de 2017

La escena ocurre en una calle de El Canal, en el Cerro habanero. A eso de las cinco o las seis de la tarde, se escucha un revoltijo de voces infantiles, que ríen, gritan, se defienden, atacan… “Mijo, ¿¡pero tú eres mongo!?”. “¡Dale, dale…!”. Los niños están jugando en red, conectados por Zapya, cada uno con su tablet. Sentados en un contén del barrio.

Un momento

Al hablar de tecnología esta enseguida se asocia a los jóvenes, como quien dice sujeto y predicado o café con leche. Hoy, cuando tener alguno de estos modernos dispositivos es bastante común, los niños resultan “usuarios” natos, consumidores intensivos y extensivos de herramientas y contenidos variopintos.

Suele pasar que padres y maestros permanecen un poco ajenos a este mundo paralelo, sin entender “cuál es la furia con eso”, “a ver por qué tanto lío con el aparato”. Justo ahí está el conflicto: se supone que ellos deben enseñar a los menores, guiarlos, pero tal parece que, por esta vez, son los niños quienes más saben.

Yendo sin escalas del blanco al negro, el desconocimiento lleva al temor y a las prohibiciones. En varios foros cubanos ya se discute sobre adicción a las nuevas tecnologías, considerando poco o nada sus beneficios o existencia como parte normal de la vida.

Es cierto: el uso desmedido de la tecnología puede ser perjudicial, como lo puede ser cualquier exceso. En este caso los riesgos y trastornos resultan bastante conocidos: déficit de atención, impulsividad, problemas de aprendizaje, alteraciones del sueño, ansiedad, bajo rendimiento académico, sedentarismo, obesidad… similares a las consecuencias de ver demasiada televisión.

Incluso se reconoce el diagnóstico de autismo inducido o autismo tecnológico, cuando se consumen audiovisuales antes de los dos años, explica Odet Noa Cománs, psicóloga del Centro de Referencia Latinoamericano para la Educación Preescolar (CELEP).

“Los ves somnolientos en el aula, desconcentrados, se quedan dormidos… Y cuando empiezas a averiguar, no es porque estén en la calle, es porque los padres los dejan jugando hasta tarde en la noche”, agrega Maribel Hernández, profesora de sexto grado.

En estos casos la familia corre con la responsabilidad, sobre todo cuando apelan a “negociaciones” del tipo “si no comes, no hay computadora”, o cuando utilizan los dispositivos como nanas electrónicas, para que el chiquillo se esté tranquilo dentro de casa. “Yo creo en las ventajas de la tecnología –añade Noa Cománs–, pero siempre dependerán del buen acompañamiento que se haga de ellas”.

Nerds mataperros

Tengo un sobrino de cinco años. Si estoy de espaldas a la computadora, cuando vuelvo a mirar ya cerró todo mi trabajo, y mientras busca en el menú de Inicio, me pregunta: “¿tú no tienes un jueguito aquí?”. Al rato se aburre y me dice: “ya”; entonces jugamos a los pistoleros, a correr alrededor de los muebles, sin saber quién de los dos es el gato y quién el ratón.

Los niños de la escena del comienzo tenían las rodillas sucias y la ropa ajada, marcas inequívocas del retozo callejero. Andy, Ernestico y Yelena, prefieren jugar al aire libre con sus amigos antes que pasar tiempo con el tablet, mientras a Amelie le divierten por igual las dos cosas.

Ellos hacen lo que cualquiera: ven videos y películas, usan aplicaciones, juegan, escuchan música, se “conectan” (siempre por Zapya). En cambio, la computadora la reservan mayormente para buscar información en Ecured y Wikipedia para los trabajos prácticos.

“Hay una aplicación que te pasa el Zapya de Yomil y el Dany, de Minnie, del personaje que tú quieras…”, me dice Yelena, de 11 años. En la cuadra las niñas y los niños se reúnen en grupos diferentes, y a veces se vuelve un poco pesa’o cuando a alguien lo “botan” y no lo dejan entrar de nuevo. “Yo paso un mes con el tablet y cinco días con la computadora”, añade Ernestico, de 8 años.

Desde cierta perspectiva, el estudio y los juegos tradicionales van por un lado, y la tecnología por el otro; son polos opuestos. “Uno de los problemas hoy tiene que ver, por ejemplo, con las adicciones a la tecnología, y si hay una contraparte a la adicción a los juegos electrónicos es la actividad física”,comentaba un diputado, en la Comisión de Salud y Deporte de la Asamblea Nacional, durante las sesiones de julio pasado.

Sin embargo, plantear el ejercicio o la lectura como “remedios” contra el uso de dispositivos electrónicos carece de fundamento. “Hay niños a los que no les gusta la actividad física, aunque no tengan el dispositivo”, señala la psicóloga Noa Cománs, quien estudia el consumo audiovisual en edades prescolares. “En las encuestas que hemos hecho al respecto ellos casi siempre dicen: ‘ver la televisión y jugar con mis amiguitos; en un rato lo uno, y en otro momento lo otro’”.

Esto coincide con la opinión de la investigadora argentina Carolina Duek, para quien “la vida de los chicos es mucho más rica que simple, y es un enorme error pensar que la lectura, los juegos ‘tradicionales’ y otras prácticas lúdicas quedan fuera de su interés por tener una computadora o una consola de juegos”.

Pepito y la maestra

“Está terminantemente prohibido sacar estos aparatos en la escuela”, asegura la profe Maribel, y uno cree escuchar cómo se cierran las puertas y los candados. No obstante, los motivos lucen razonables: para evitar que se pierdan, rompan, o que los alumnos se entretengan en las clases.

Según explican funcionarios del Ministerio de Educación (MINED), la titular Ena Elsa Velázquez dijo en una intervención –de la cual no existe registro escrito– que cada centro tiene la facultad de decidir sobre la utilización de la tecnología en sus predios, de acuerdo con las necesidades particulares. Aun así, la respuesta de varios maestros coincide: los niños no pueden llevar sus aparatos.

En las escuelas primarias el 80 por ciento de las computadoras son obsoletas. El MINED ha concebido un plan de informatización hasta 2018, que incluye habilitar la conexión a Internet y sustituir esos viejos equipos por tablets, en una relación de 9 alumnos por dispositivo (ahora hay 30 por cada PC).

A primera vista, los niños van tres revoluciones por delante, no solo en materia de capacidad tecnológica, sino también en relación a los contenidos de los centros docentes. Los softwares educativos, por educativos que sean, pueden resultar muy aburridos, sobre todo comparados con el despliegue visual y de interactividad de los juegos y aplicaciones actuales.

Por ejemplo, en la escuela de Andy, de 11 años, solo permiten jugar ajedrez y solitario. “Muchas veces nos ponemos muy didácticos, y olvidamos que el entretenimiento y el disfrute también son importantes para el desarrollo humano”, confirma Noa Cománs.

Fernando Ortega Cabrera, director de Informática Educativa del Ministerio, ha declarado que los alumnos tendrán acceso a servicios telemáticos como el uso de correo electrónico, redes sociales, entre otros, porque se contemplará su uso dentro del programa de estudios.

Estas tecnologías se caracterizan por sus usos colaborativos y reticulares; ergo, se diluyen las jerarquías, se subvierten los roles tradicionales del maestro que enseña y el estudiante que aprende. El conocimiento es compartido, reconfigurable. Mientras la escuela no tenga en cuenta esto, pues se quedará detrás.

Cuando yo sea grande

Amelia –la mamá de Amelie– y Mavy –la mamá de Andy– lo confiesan: sus hijos dominan las nuevas tecnologías mejor que ellas, incluso a veces se quedan “trabadas” y deben preguntarles qué hacer.

“Creo que esto es una tendencia –valora Noa Cománs–, pero no se debe absolutizar, porque cada vez las familias y los educadores son más jóvenes. No significa que más preparados, pero sí más jóvenes”.

Las dos madres vigilan que los niños no pasen demasiado tiempo frente al tablet o la computadora, y supervisan lo que ellos están viendo. No obstante, continúa cierta tendencia al horror tremendista: “A mi juicio, eso idiotiza y no ayuda a la sociabilidad de los niños. Sí, tiene cosas positivas, porque hay mecanismos que tú activas con determinados juegos, pero el vicio es fatal”, afirma Amelia.

Y las dudas e inquietudes se ramifican hasta el infinito: ¿Cómo regular los contenidos? ¿Cuáles son los ideales? ¿El tener o no tener tablet, celular o computadora puede ser fuente de distinción social? ¿Hay diferencias entre cómo lo usan los niños y las niñas? ¿Surgen nuevas dinámicas de grupo? ¿Qué pasará cuando haya Internet decente y barato para todos?

Las sucesivas generaciones podrían definirse por algunos gestos: dar cuerda, apretar un botón, deslizar los dedos por la pantalla… En cualquier caso, antes y ahora, para los grandes y para los pequeños, lo mejor siempre es hacerlo juntos.

LINK: ¿Manténgase alejado del alcance de los niños?

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