Kewelta, el tiempo dirá

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Ilustracion: Mayo Bous/Cachivache Media

CACHIVACHE MEDIA Por: Rachel D. Rojas, 11 de Abril de 2017.

Hace apenas un año, Carlos Manuel García Vergara regresó a Cuba con un nuevo proyecto. Esta Kewelta (ahora con dos derivaciones: una Red Social de Publicidad y su complemento de pago Kewelta Promo) llega luego de un gran preámbulo, que incluye un tiempo de su creador en Alemania, “hablando con personas de primer nivel del mundo de la tecnología, de la publicidad, con comunidades de cubanos”, además de su experiencia previa en el micro mundo de los anuncios en Cuba durante más de 10 años.

El de Kewelta ha sido un resurgimiento inesperado, considerando sus orígenes como una lista de correos colaborativa, en la Universidad de La Habana durante 2005. Un proyecto que, rápidamente, adquirió tales dimensiones que Carlos Manuel, su fundador, tuvo problemas por congestionar el tráfico de los servidores.

Su objetivo en aquel momento era “reunir y promover la información sobre los eventos culturales que ocurrían en la ciudad”. Carlos Manuel tenía 21 años y era estudiante de Ciencias de la Computación; lo fue hasta cuarto año, cuando dejó la carrera.

Actualmente se trata de una red social enfocada a la publicidad, en la que los usuarios pueden entrar, por el momento con una invitación, y una vez dentro tienen la oportunidad de invitar a otras cinco personas. Como en plataformas similares, pueden crearse un perfil y compartir contenidos, en este caso anuncios y eventos, con sus seguidores.

Pero antes de 2011 el éxito no se había concretado. Luego de varios intentos de obtener ingresos con su emprendimiento y sin encontrar un modelo de negocio rentable, Carlos Manuel decidió cerrar el proyecto y el equipo de personas que trabajaba con él. Luego de un tiempo se fue a Alemania, donde vivió aproximadamente dos años.

Estado a-legal

La nueva Kewelta llega a Cuba en un contexto que no resulta precisamente favorable para el desarrollo de ese tipo de emprendimientos que, como la mayoría de los negocios privados que hoy existen en Cuba, tienen una posición de desventaja frente a cualquier inversor extranjero.

Para desgracia de Carlos Manuel, la publicidad no se encuentra en la restringida lista de 201 actividades aprobadas para el ejercicio de los Trabajadores por Cuenta Propia (TCP).

En su tesis de maestría, la investigadora Rosa Muñoz, graduada de la Facultad de Comunicación, da cuenta de una serie de documentos legales, éticos, organizativos/administrativos o meramente políticos (sin fuerza legal, pero de facto vinculantes por venir del Partido Comunista de Cuba) que intentaban (auto)regular el sector publicitario en los medios de comunicación (soportes, contenidos, etc.) y que circularon entre 1996 y 2006. No es de dominio público si estas normas que regulan el ejercicio de la publicidad en Cuba (en su mayoría resoluciones) han sido actualizadas. Al menos, de cara al fortalecimiento de la propiedad privada en la economía cubana, no ha habido noticias sobre el tema para los TCP.

Por otra parte, mientras los cuentapropistas solo disponen de un grupo de licencias –que no les permiten crear una empresa ni tener personalidad jurídica– para ejercer actividades (cuyo bajo valor agregado han confirmado varios especialistas), los inversores extranjeros pueden acceder a sectores claves para la economía cubana, como bien da cuenta la Cartera de Inversión para 2016–2017.

Más que una decisión económica, estas restricciones sugieren un matiz político, en tanto la concentración de capital que por lo general viene aparejada a la actividad privada es un punto de fractura en la historia político-social de las últimas décadas en Cuba.

Pero la concentración de riquezas es algo que ya ocurre en el país, solo que con un carácter informal y no reconocido. Nada más hay que observar detenidamente nuestro entorno para ver cómo algunas actividades funcionan de maravilla en el mercado negro y de espaldas a la ley. Precisamente la existencia de un marco regulatorio de dichas actividades es uno de los instrumentos que podría preservar los derechos esenciales de la mayoría y disminuir la corrupción que la desregulación conlleva.

Precisamente las leyes actuales, como me explica el profesor y economista Ricardo Torres, “sugieren que es más aceptable convertirse en programador para una empresa extranjera que diseña software y ha decidido invertir en Cuba, a que esa misma persona intente crear algo semejante desde Cuba. Los efectos sobre el desarrollo del país son muy diferentes”.

De hecho, entre las facilidades que podrían beneficiar a los TCP en general –enumeradas por el propio Carlos Manuel durante una presentación en el evento AM-PM “América x su Música”– está la rebaja de los servicios de Internet, la posibilidad de registrar dominios .cu, y la implementación de políticas de excepción fiscal. Luego, ya más enfocado en su área, dijo: “Reconozcan a las agencias publicitarias y a los diseñadores que hacen publicidad”.

Tal y como ha sido planteado, para el desarrollo de Kewelta en particular resulta inconveniente el no poder promocionar sus servicios y productos de forma legal, más allá del acto de poner un cartel. Y es un inconveniente en general para cualquier negocio privado, aun cuando esta necesidad ha encontrado sus propios caminos para ser canalizada.

Red social, pero…

En medio de este escenario, Kewelta fue presentada por Carlos Manuel en el 11no. Encuentro Social de Desarrolladores (ESD), en mayo del pasado año. Algunos meses después acordamos una entrevista, pero decidió interrumpirla a causa de sus desavenencias con algunas de mis preguntas, con lo cual su explicación de lo que es o pretende ser Kewelta se restringe a este tipo de presentaciones en espacios públicos.

Sabemos que la plataforma funciona hoy de manera muy similar a cualquier otro servicio de redes sociales en Internet. Algunos de los rasgos más comunes se encuentran listados y definidos por la profesora de la Facultad de Comunicación Beatriz Pérez Alonso en su tesis de licenciatura: “Como recurso indispensable para cobrar sentido, requieren de la inclusión y participación de grupos de usuarios, que a partir de la creación de perfiles públicos o semipúblicos se presentan y conectan con otros. (…) ubican al usuario como destinatario, consumidor y productor de los contenidos al mismo tiempo, a la vez que incluyen una filosofía de interacción, colaboración, horizontalidad y participación”, escribió.

Ahí estarían los primeros obstáculos de Kewelta: Luego de casi un año de lanzado, el sitio apenas tiene tráfico y masa crítica de usuarios. Y estos, quienes proveen el verdadero valor a una red social con su presencia y participación, al menos por el momento obtienen el acceso a la plataforma a través de un sistema de cupones.

El espacio, como afirmó su creador, contaba en mayo de 2016 con una capacidad de 100 mil personas, y su principal valor estaría precisamente en la cantidad de usuarios que logre incluir.

“Las grandes agencias de publicidad, como con la que estábamos entrevistándonos antes de venir para acá, tienen toda una masa de clientes gigantes y no les interesa compartirla, simplemente no les interesa que nadie sepa quiénes son los clientes de esta red social. Y ese es el detalle, creemos nosotros, por el cual en el mundo no han creado algo como Kewelta, no han creado algo que sea directamente para las personas compartir anuncios”, dijo Carlos Manuel.

Por un lado, las grandes agencias sí muestran quiénes son sus clientes. Muchas veces estos funcionan como carta de presentación, porque son nombres grandes y reconocidos, que pudieran atraer a otros igual de grandes y reconocidos.

Por otro, la confusión y el salto de una a otra categoría –clientes de Kewelta Promo, usuarios de la red social– es también una constante en el discurso de este emprendedor. Las grandes agencias de publicidad, repito, sí muestran quiénes son sus clientes, pero no tienen “usuarios” porque son agencias, no una red social. El uso de la red social es gratuito, según ha explicado Carlos Manuel, y los clientes son los que pagan.

En el mundo contemporáneo las personas rechazan la publicidad. Esta predisposición ha sido estudiada en profundidad por una industria multimillonaria, y es la razón por la que existen muchísimas formas en las que la práctica publicitaria intenta enmascararse y llegar al público indirectamente a través de narrativas transmedia y cualquier otra interacción imaginable entre usuarios y marcas. Así lo explica en su tesis de Licenciatura en Comunicación Randdy Fundora, creativo con experiencia en la realización de campañas.

También lo sabe Carlos Manuel: “De hecho, la meca (sic) en el mundo hoy es que las personas decidan cuáles son los anuncios que quieren recibir. Por ejemplo, a lo mejor no me interesa que todo el mundo me esté inyectando anuncios, pero sí me interesa saber lo que está haciendo un restaurant, lo que está haciendo una marca de zapatos en específico, o lo que está haciendo la aplicación de los amigos míos, o el sitio con el que estoy trabajando y del que me interesa recibir anuncios”.

Pero esa explicación sobre por qué los usuarios entrarían a una red social a consumir anuncios y publicidad en general no define un público estratégico, una segmentación fundamental para conseguir engagement. Además, hay muchísimas variantes y estrategias de las agencias para saltarse la elección de los usuarios y hacer llegar la publicidad que producen.

Básicamente, los usuarios nunca van a la publicidad a no ser que esta sea parte del entretenimiento, explica Fundora en su tesis. Esto sucede menos en un escenario como el cubano, en el que más de dos tercios de la población no tiene acceso a internet, y la publicidad offline en general está muy limitada para los TCP. Por esas razones un negocio privado y mayormente basado en plataformas online tiene retos agregados.

Entonces, ¿por qué entrarían los usuarios?, le preguntó una muchacha a Carlos Manuel durante su presentación en el 11no. ESD.

“El interés de la red social –respondió– es que la publicidad sí se consuma exclusivamente dentro del portal. (…) Va a servir (…) para alfabetizar un poco a la gente de qué es la publicidad, los anuncios, que le pierdan el miedo, que aprendan a no usarla con fines netamente de venta tan agresivos, sino para fidelizar a sus clientes, eso es un concepto súper importante que se maneja en todo el mundo y por el cual las empresas invierten muchísimo dinero”.

Esta idea, aparentemente sencilla, será recordada cuando Kewelta sea un éxito de alfabetización publicitaria –¿alguien conoce alguna que haya sido un éxito?– en Cuba, que con la aguda desprofesionalización que el campo ha tenido en las últimas décadas bien que lo necesita, o cuando Kewelta pase la prueba de los usuarios, de la permanencia, de la rentabilidad a pesar de la teoría.

Ilustración: Mayo Bous / Cachivache Media.

Publicidad: bailar en casa del trompo

Kewelta Promo, como reza en su anuncio, es una herramienta para crear campañas publicitarias, las cuales se distribuyen “en la red de publicaciones” y a través de la cual los clientes pueden “utilizar los servicios de creación y diseño de (…) anuncios que brindan los creativos dentro de la red”.

Aun cuando Carlos Manuel afirmó que Kewelta no hace publicidad, esta promoción habla de todo lo contrario. La herramienta que complementa la red social, en general, certifica que los anuncios “estarán en más de 40 millones de espacios”, una cifra que supera varias veces la población cubana teniendo en cuenta que la mayoría de los canales de distribución que ofrece son cubanos. Incluso si estos números estuvieran apuntando a una audiencia foránea, 40 millones son casi la misma cantidad de personas que utilizan Ad-Block, es casi la audiencia de Oreos en Facebook, algo verdaderamente improbable para un pequeño negocio que no cuenta con un año de lanzado.

Uno de los Clientes que Carlos Manuel intentó alcanzar hace algunos meses, facilitó, con la condición de su anonimato, la propuesta de negocios que ofrecía Kewelta: 1000 euros mensuales por diseño de concepto y media (sic) para internet, y distribución en el Paquete y en sitios digitales para Cuba. Alcance prometido: once millones de cubanos dentro del país. Resultado: cliente perdido para siempre.

Karel Pérez, quien trabaja en temas relacionados con el marketing digital, explica que con los sistemas de anuncios de Google se puede llegar a publicar banners publicitarios en una amplia red de sitios a costos que en ocasiones pueden ser tan bajos como 1000 impresiones por 1 dólar. Una de las varias opciones que tendría un anunciante.

En Cuba, aunque sea mediante un partner fuera del país, ya hay formas publicitarse con por esa vía. Y por otras. “Hace unos días en un Zapya vi una publicidad de Yomil y el Dani. No sé cómo se hace eso, pero le salió a un amigo como propuesta de la misma aplicación. Y eso fue que alguien inteligente se preguntó qué canal están usando los cubanos para compartir contenido. ‘Ah, Zapya. ¿Tiene un sistema de advertising?, sí’. Y por ahí se coló”, agrega Karel.

Por demás, en los canales que ofrece Kewelta Promo para distribuir las campañas, como El Paquete, aplicaciones móviles y revistas digitales cubanas, ya se incluye publicidad. Son negocios, iniciativas, que ya cuentan con un sistema, más o menos rudimentario, para gestionar anuncios. De ahí que los clientes que acudan a Kewelta Promo van a necesitar, como mínimo, el mismo nivel de eficiencia y una mejor oferta.

Otro tema sería el acceso a las estadísticas. Es sabido que El Paquete llega a toda Cuba, ¿pero exactamente a quién, a qué edades, a qué intereses? Dada la infraestructura en la que se sustenta este sistema de distribución, no parece haber por el momento forma de acceder a esa información. Algo parecido sucede en el caso de aplicaciones móviles como AlaMesa, ¿cómo saber cuántas personas la usan si muchos de los usuarios no están conectados o ni siquiera descargan la aplicación? La misma capacidad de Zapya para copiar aplicaciones incide en el hecho de que estos datos no sean del todo coherentes con el uso real. Y estas estadísticas son clave para dirigir correctamente un anuncio.

Vienen llegando

Carlos Manuel, con una supuesta visión anti trasnacional, llegó a confirmarme sus encuentros con representantes de varias de ellas. También lo ha enunciado en sus presentaciones públicas. Se sustenta en esa experiencia para aconsejar al resto de los emprendedores que no se vendan, que opten por Kewelta para ofrecer sus anuncios, para “cuidar lo que es nuestro”, y que “no regalen más lo que saben a las trasnacionales, como he visto a algunos haciéndolo”, porque “los gigantes como Neflix solo los van a escuchar para aprender cómo entrarle a la Isla”, y en los insights reside precisamente una de las fortalezas de los negocios del patio.

No obstante, ya Kewelta ha experimentado con financiamientos externos y con apoyo de instituciones estatales. Durante su primer momento, en 2008, la por entonces lista de correos fue acogida en la Asociación Hermanos Saíz (AHS), que le dio amparo legal y le permitió inscribirse en el Registro de Publicaciones Seriadas, según me explicó Carlos Manuel.

Ahí el proyecto debió cambiar, cuenta, y Carlos Manuel negoció el modelo abierto, colaborativo, y transformó el proyecto en una cartelera editorial, porque el apoyo llegó con la demanda de un mayor control sobre el contenido a publicar. “No soy nadie para juzgar si ahí murió el proyecto social (sic), que además hubiera sido súper interesante. La verdad es que en ese momento Cuba no estaba preparada para eso; quién sabe”, dijo.

María Elena Marcelo, la editora de artes escénicas entre 2008 y 2009, cuenta que por su trabajo recibía 20 CUC mensuales, pero en su caso, Kewelta no era su única fuente de ingreso. “Un amigo mío, miembro fundador, tuvo desacuerdos con Carlos Manuel, y yo me fui poco después”. Antes ya se había ido otra de las editoras, y luego de María Elena, otro de los editores salió del proyecto. “Sé que el dinero fue una razón para la gente, pero también sé que existieron otros tipos de desacuerdos. La química de equipo, que funcionaba tan bien al inicio, ya no estaba ahí”, recuerda.

Entre otras facilidades, Carlos Manuel tuvo la oportunidad de utilizar los servidores para alojar el portal y tres cuentas de internet para el equipo, que fueron contratadas a esta entidad por la AHS.

Y por la misma época conoció a Stéphane Ferrux, presidente de la agencia Cuba Autrement, quien se convirtió en su primer sponsor. El francés quería utilizar la información que proveía el pequeño equipo para conformar los recorridos de los turistas que traía a Cuba. Carlos Manuel vio entonces la posibilidad de monetizar un trabajo que hasta el momento había sido por amor al arte.

“Con poco más de 50 mil CUC pagamos gastos de producción por casi 6 años; compramos laptops, líneas de móviles, la gasolina de los carros para el programa de TV… Hasta pusimos dinero de nuestros bolsillos. Y seguíamos sin ser rentables”, explicó en una entrevista publicada en El Toque.

Carlos Manuel, en la ya mencionada presentación del 11no. ESD, afirmó estar actualmente en una posición “completamente guerrillera sobre cómo hacer las cosas, y el que no entra por esa canalita se va con la mayor facilidad que hay”, refiriéndose a las condiciones en que trabaja su equipo y las posibilidades que tienen de permanecer o no en el proyecto. Explicó además que ha pasado mucho trabajo para conformar ese equipo, pues son personas que trabajan de manera voluntaria en un proyecto que intenta generar ingresos.

“Son casi 20, llevan tres meses sin ganar un centavo, sin tener un kilo. Están trabajando a full time con nosotros (…). Lo que digo es que no es netamente un tema comercial lo que puede mover un proyecto, sino la historia de lo que hay por detrás. Eso es importantísimo porque eso define las personas con las que vas a trabajar”, resumió entonces.

Ya sea por la posible existencia de un contrato de confidencialidad o por un genuino instinto de conservación, ninguno de los integrantes contactados quiso ofrecer su opinión. Pero Carlos Manuel continuaba buscando “mambises” para su equipo: ¿Sigue este negocio sin reportar ganancias como para no pagar a los trabajadores?

“Lo que le decimos a todo el mundo es que tratemos de unirnos, que creemos la comunidad de publicidad en Cuba. En esa unidad vamos a tratar de verdad con todos los clientes. Porque la competencia de Kewelta hoy es Facebook, Google, gigantes que están tratando de entrar al país. Y si entran, nos van a desaparecer, se van a llevar el dinero, se van a llevar los usuarios y nos van a poner una resistencia gigante para poder avanzar”, dijo en la entrevista a El Toque, una idea que además ha repetido en otros espacios.

Como la mayoría de las startups cubanas, que nacen en un ambiente adverso a su desarrollo con normas en las que no caben cómodamente, es difícil tener todas las cuentas claras. Especialmente aquellas que se desenvuelven en ámbitos como la tecnología y la publicidad, donde la discrecionalidad de las autoridades en cuanto a la innovación es mayor aún.

Pero al mismo tiempo, también nuestro contexto de país tercermundista influye en que muchos negocios se basen en modelos o servicios que ya están inventados, en los que la creatividad no es tal. Como se dice, inventar “el agua tibia”. En ese sentido, también condicionan su permanencia cercos como el del bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos mantiene contra Cuba, puesto que las grandes empresas, consolidadas en sus áreas de experticia, no pueden acceder al mercado cubano. Todavía no.

Es cierto que a muchos no nos gustaría ver a Cuba en manos de las “trasnacionales gigantes”, y sí que nuestro sector privado estuviera en una posición más competitiva, en un marco regulatorio más justo. Solo así veremos de qué están hechos algunos de los emprendimientos por cuenta propia.

Esta es otra de las pruebas que le falta a Kewelta. Pero en este caso, Carlos Manuel ha logrado además alinear este discurso nacionalista con los posibles beneficios económicos. Es legítimo que defienda los intereses de su negocio, solo que estos no deben, bajo ninguna circunstancia, confundirse con los intereses de la nación.

Menos aun cuando Kewelta es, desde el 5 de julio de 2016, una startup cubana y alemana. Lo confirma la existencia de la empresa Kewelta GmbH (sociedad de responsabilidad limitada), registrada en el Tribunal local de Charlottenburg, Berlín, con un capital de 25 mil euros. Una asociación que también ha sido declarada recientemente, a inicios de febrero, en las políticas de privacidad y los términos de uso.

El momento en el que los cubanos puedan acceder adecuadamente a la información y al mundo en general, y contar con regulaciones que protejan mucho más los proyectos y emprendimientos nacionales ayudará a definir el valor de muchos de ellos.

Por ahora, el tiempo es la clave para Kewelta.

El tiempo dará la razón a Carlos Manuel, o lo ubicará en el olvido.

Postdata extendida:

Hace una semana apareció en la revista El Toque otra entrevista con Carlos Manuel. En ella habla de las dificultades de los emprendedores y de lo que estos necesitan en Cuba, según su parecer, para tener éxito: “cambiar algunas de las dinámicas en la relación con el Estado cubano para disponer de un marco económico y jurídico que permita el desarrollo de los privados” y “acceder a los servicios en la red que están bloqueados para la Isla”.

Sobre el segundo punto Carlos Manuel defiende la idea de la creación de un portal “cuya función primaria sea un acopio de datos” sobre los emprendimientos existentes en la Isla, para visibilizarlos ante las empresas norteamericanas que ofrecen servicios en la web necesarios para su desarrollo.

Tanto con esta propuesta, como con la red social de Kewelta, cuyos términos de uso y políticas de privacidad son bastante claros respecto a la propiedad de las publicaciones y los datos, y la idea del enigmático Kewo, Carlos Manuel aboga por la concentración de información sobre los negocios privados en Cuba. Y de sus continuas propuestas, con poco tiempo de diferencia, también se deduce que no tiene muy claro cómo.

Según explicó en un post, unas semanas atrás Heroku, una empresa que permite alojar servicios de internet en su plataforma, le envió una notificación sobre el próximo cierre de su cuenta por utilizarla desde Cuba, en virtud de las prohibiciones del bloqueo. Pero en el evento de SXSW, en Austin, o luego de su paso por San Francisco el pasado marzo, convenció a la empresa para que se lo permitiera. Así lo publicó, sobrepasando los límites de la OFAC, lo cual podría acarrear multas nada despreciables para Heroku si las leyes fueran aplicadas en todo su rigor.

Según explica en estos posts, conversando con empresas norteamericanas –a las que ya no llama constantemente gigantes trasnacionales– surgió la idea de este portal. Pero su propuesta no incluye al sector estatal en Cuba, con lo cual quedarían fuera de estas hipotéticas facilidades, por ejemplo, las universidades y los centros de investigación cubanos.

Un ejemplo concreto es la manera en que se refirió a Airbnb en el mencionado evento AM-PM “América x su Música”. Allí dijo: “¿Saben cuál es el efecto de que Airbnb se haya adueñado de todo el mercado cubano de casas particulares? Los turistas que vienen a Cuba pagan las casas particulares fuera de Cuba, Cuba no ve pasar un solo peso de este dinero. Los turistas que vienen no dejan propinas porque lo traen todo pagado y en las casas particulares no consumen más de lo que ya pagaron porque en Airbnb, como se le conoce en Cuba, antes ellos ya pagaban desayunos y comidas dentro de las propias casas. ¿Creen que Cuba recibe impuestos sobre esto o sobre las transacciones? Todo se queda fuera de la Isla. Esto es lo que nos va a pasar a todos”.

Y ahora, según las palabras publicadas en la última entrevista, dice: “El vínculo con la página web Airbnb, la cual promociona las casas de alquiler en Cuba para los visitantes estadounidenses, es una antesala de cómo puede ser viable para una compañía norteamericana tener clientes cubanos. Si otras empresas se arriesgaran a repetir la experiencia creo que podría ser beneficio para ambas partes”.

Sin entrar a desmentir las primeras argumentaciones, que a simple vista parecen generalizadas y discutibles desde otras experiencias, me gustaría señalar la aún más evidente contradicción en sus posiciones, con solo unos meses de diferencia. Y esto solo añade más preguntas para Carlos Manuel, en caso de que estuviera dispuesto a contestarlas alguna vez:

¿La información de la base de datos que ha construido –primero con la lista de correos y ahora con la red social– es la misma que usará para esta otra iniciativa? No creo que los usuarios lo tengan muy claro a estas alturas, ni que haya sido, digamos, el pacto primero. Quizás desde un punto de vista legal no pueda llevarse a cabo acción alguna contra el uso indiscriminado de esta información –que se sobreentiende valiosa en el ámbito político y económico–, pero éticamente la sospecha parece válida.

¿Pretende Carlos Manuel mediar en la relación de los actores privados en Cuba con el gobierno y las empresas norteamericanas? ¿Asume, en todo caso, que solo en el sector privado estará la realización de los jóvenes profesionales relacionados con la tecnología? ¿Estará dispuesto, en caso de que la realización del portal se concrete total o parcialmente, a vender la información a alguna empresa extranjera cuando se dé la oportunidad, o buscar un partnership y compartir esos datos a cambio de otros beneficios? ¿No sería ese un modelo de negocio viable? ¿Es Kewelta una empresa rentable ahora mismo, o al menos genera algún tipo de ingreso? ¿Continua Carlos Manuel trabajando y desarrollando su idea con un equipo de voluntarios? ¿Este nuevo portal tiene que ver con Kewelta o son cosas diferentes? Podríamos concebir juicios diversos sobre estas cuestiones, pero más allá de si son correctas o no, –permisibles, justas, comunes, legales o no– el hecho es que Carlos Manuel se ha movido de una contradicción a otra.

Es cierto, no se trata del único personaje cambiante en el escenario cubano que hoy tenemos delante. Supongo que este tipo de negociaciones e incertidumbres sobrevendrán en Cuba mientras más se abran las puertas, empujando las condiciones para beneficios de un grupo social u otro, lo cual podría ser considerado parte del proceso de cambios por el que transita el país.

Pero insisto en que, con tiempo, veremos si Carlos Manuel tiene algo de razón, o si su paso por la esfera pública y económica del país es algo que merezca la pena aplaudir o denunciar.

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